El Infierno – Alberto Rodríguez

No quiero que nadie se vaya al infierno

Septiembre 19 de 2017 13:14 CDT = UTC-5

Silencio.

Septiembre 28 de 2017

Ya no quiero guardar silencio.

El día del temblor decidí que no era tiempo de opinar, no. Era momento de escuchar, de observar, aprender, sentir… de vivir.

No creo tener las credenciales necesarias para hacer una crónica precisa de lo sucedido, además los hechos se han ido diluyendo entre noticias falsas que tienen como único fin el beneficio personal o de grupo para quienes las inventan.

Lo que sí puedo contar es mi visión de hechos que pasaron al rededor de lo que verdaderamente importaba.

Junto a las noticias apresuradas que daban los medios tradicionales, aparecían varias versiones de un mismo hecho, cada time line de cada tuitero era una fuente de contenidos, confirmados o sin confirmar, pero todo el mundo tenía la urgencia de tener algo que aportar.

En cuanto podía entraba a Facebook sólo para encontrarme con una versión gráfica de lo que estaba pasando, no es relevante, pero sí era notable la falta de memes.

Siguieron los días y empezaron las réplicas, no, no las de los temblores, las réplicas entre usuarios debatiendo quién tenía la verdadera razón de la verdad del mundo mundial y quién no, aparentemente todo encausado a informar.

Como buenos mexicanos, unos ayudando, otros dando sin esperar y los más indolentes esperando sin dar.

Yo empecé a dudar de las noticias oficiales antes de que la SEMAR confirmara en cadena nacional que no tenían ni idea de lo que estaba pasando frente a ellos y ni qué hablar de lo que estaba a un kilómetro, o menos… como a cinco.

El primer brote de protagonismo, tal vez el más notorio, fue el de la Primera Dama del Gobierno Chiapaneco que salió “muy despeinada, muy mal arreglada, muy fea” y sin que le importara nada, o sí, pero salió a ayudar. Digo a ayudar porque decir que salió a hacer proselitismo junto a su marido sería pensar mal de ella, del gobierno y por añadidura de toda la maquinaria política del país.

El protagonismo de la ex RBD fue rigurosamente criticado en RRSS (redes sociales pues) por toda La Patrulla Moral de la Santa Inquisición Socialmediera. Debimos haber aprendido que no hay que escupir para arriba, porque de entre esos mismos críticos aparecieron los “activistas” presumiendo… corrijo, documentando su generosa y desinteresada ayuda, con Selfies (algunos hasta con filtros), historias de Instagram y Facebook Live.

A falta de memes siguieron apareciendo los “apoyadores” y mientras más pasaba el tiempo, estos buenos seres de luz, hablaban menos de los hechos y más de ellos. Se empezó a desvanecer más y más la línea entre los sesgos y los egos informativos.

Pausa

¿Y tú en qué estuviste ayudando? Se preguntarán. De hecho, ya me lo preguntaron y la respuesta es sencilla: Lo que haya hecho o dejado de hacer es rollo mío, la tragedia fue superior a todos, soy un firme creyente de que la ayuda pierde valor cuando la usas para cantar el favor y afortunadamente, a mi sí me cargaron de chiquito, no estoy tan falto de atención.

Fin de la pausa.

Entre absolutas celebridades y absolutos desconocidos las RRSS seguían siendo fuente de información dividida temáticamente. Los que seguían documentando hechos, los que nadie les preguntó pero avisaban al estilo Chiapaneco “estoy bien” y los que me perjudicaron el hígado de coraje: los que tenían pauta pagada en Facebook para que más gente se enterara de lo buenas personas que son.

¿Y a ti qué te importa? Me preguntarán de nuevo. No, pues nada, la hipocresía no dañó físicamente a nadie. ¿O sí? 

Porque el caso del militante de MORENA, que ni siquiera es ingeniero y se hizo viral lloriqueando porque no lo dejaban trabajar; con camisa limpia y planchada contó haber estado bajo los escombros “ayudando”, ese tipo seguro dañó a alguien que aún tenía esperanza de encontrar a su familiar con vida.

Pero supongamos que llenar sus egos y publicitar la superioridad moral no tiene nada de malo, entonces les cuento que hubo quien fue a los derrumbes a sacar cosas ¡Para llevárselas!

La rapiña no venía del gobierno, de líderes o de intereses de grupo, venía de El México Jodido y no lo digo en forma despectiva contra la gente de escasos recursos económicos, hablo del México jodido de valores y educación.

Se robaron equipo que estaba siendo utilizado para labores de rescate, otros se llevaron guantes, palas y cubetas como souvenir, gente formándose sin necesidad tres o cuatro veces a pedir comida, despensas o lo que se pudieran embolsar, bueno, fueron a saquear un trailer accidentado llevándose el botín en taxis. Y el colmo fue cuando leí la noticia de que un hijo de su puta madre (no es grosería u ofensa, es una descripción específica), repito, un hijo de su puta madre decidió gastar 24mil pesos de la tarjeta de ahorros que robó de una muerta…

Estoy enojado, con menos fe en la humanidad. Normalmente me gusta terminar estos textos con un mensaje, sino de esperanza, al menos de optimismo, vaya pues, mi deseo es el del encabezado : “No quiero que nadie se vaya al infierno”.

No, lo que quiero es que cada una de esas personas que han buscado y sacado beneficio personal de la tragedia; cada cosa, cada peso y cada like ganado a costillas del dolor ajeno, les sea devuelto de manera recíproca… que sus vidas sigan el curso que deban tomar y que tomarán. No quiero que se vayan al infierno, no sería suficiente, todo lo pagarán lenta y dolorosamente aquí.
Karma it’s a bitch.

A los que ayudaron y siguen ayudando sin esperar retribución, ustedes sí entienden cómo funcionan el mundo, no necesito darles mayores explicaciones.

A ustedes: ¡Gracias!

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